¡A un paso de ser finlandeses!: La reducción de horas de Historia en la escuela chilena

28 Nov

Columna de opinión de Laura Valledor, publicada en el sitio web de La Tercera el 19 de noviembre. Laura Valledor es candidata a doctora en Ciencias de la Educación por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Profesora de Didáctica de la Historia de la Facultad de Educación de la misma universidad.

Desde hace algún tiempo, escuchar las políticas educacionales se ha vuelto un ejercicio de paciencia. Primero fue el semáforo SIMCE, que alertaba a los padres acerca de dónde estaban los ghettos en los que no debían matricular a sus hijos. Después fue el ofrecimiento de premios-carnada por subir puntos en el mismo SIMCE. Pero el Ministerio de Educación no deja de sorprendernos –ni de angustiarnos- y ayer anunció que aumentará las horas de Lenguaje y Matemática en desmedro de Historia y Educación Tecnológica, desde 5º básico a 2º medio.

Antes de entrar en un análisis más profundo, me permito formular la pregunta práctica que todos los profesores de historia chilenos se están haciendo en estos momentos: Si dispondremos de 40 horas menos de historia al año, ¿Cómo abordar desde el Neolítico hasta la Edad Media en séptimo básico, o desde las culturas prehispánicas hasta el siglo XIX chileno en 2º medio?  Frente a ello, la encargada de Currículum, Loreto Fontaine arguyó que “se hizo un cálculo de cuánto tiempo tomaba enseñar cada materia y de este modo se estimó conveniente reducir las horas de enseñanza de historia pero con los mismos contenidos.

Pero la respuesta más que tranquilizar desconcierta, ya que pese a provenir de una autoridad, incurre un error importante: se centra en los contenidos, excluyendo las actitudes y habilidades que el currículum ha asignado al estudio del subsector de Historia y Ciencias Sociales. “Entre otras cosas, la historia busca que los jóvenes comprendan su presente a través del estudio del pasado, conozcan los lazos que los unen a otras personas que viven en su misma sociedad y se entiendan a sí mismos como sujetos históricos capaces de construir un futuro para ellos y quienes los rodean”. Para lograrlo, el subsector considera el aprendizaje de habilidades de análisis de fuentes históricas diversas y de categorías de comprensión temporal muy complejas, lo que solo es posible conseguir mediante actividades intencionadas y mucho, pero mucho tiempo de trabajo. Desde luego, las habilidades y actitudes se trabajan conjuntamente con los contenidos, pero es una norma en el ámbito escolar que cuando el tiempo escasea, lo que los profesores hacen es enfatizar los contenidos. Así las cosas, corremos el serio riesgo de volver de lleno a una enseñanza de la historia basada en la memorización, de la que recién estábamos comenzando a sacudirnos.

Ahora bien, en nuestro currículum el mismo subsector curricular alberga a Historia, Geografía y Economía, por lo que una reducción de horas, no solo significa disminuir la oportunidad de aprendizaje histórico, sino que también implica desmejorar la comprensión de las relaciones entre el hombre y el medio natural y de las formas de emprender un desarrollo sustentable.

La autoridad justificó la medida diciendo que “sin una buena competencia en Lenguaje y Matemáticas no es posible avanzar en otros ramos”. Desde luego, quien no comprende lo que lee o no sabe expresarse, simplemente no juega el juego y también es indesmentible que pensar matemáticamente es fundamental para la vida. Pero ¿es necesario incrementar las horas de estudio de estas disciplinas a costa de la enseñanza de la Historia?, ¿por qué no se echó mano directamente las horas de libre disponibilidad? Nuestra queja podría ser solo una defensa gremial, pero va más allá de eso, puesto que en Chile como en otros lugares, comprender la historia es una necesidad de la sociedad en su totalidad. Descuidar su enseñanza en un país que tiene un pasado reciente tan complejo podría significar costos sociales muy fuertes en el futuro.

Por otro lado, ¿cuál puede ser el impacto de aumentar horas de enseñanza, sin ayudar a los profesores a realizar un mejoramiento en sus prácticas?, ¿será un aporte tener más de los mismo?

La decisión fue tomada supuestamente emulando a Suecia, Singapur y Finlandia. Siempre es bueno aprender de los buenos ejemplos, pero surge la pregunta, ¿qué tanto podemos parecernos a Finlandia con esta medida? Casualmente, esta semana tuvimos la oportunidad de escuchar a dos expertos en educación finlandeses en la universidad a la que pertenezco: Hannu Simola y Piia Seppánen. En su charla destacaron que los resultados de los alumnos finlandeses son de los más altos a nivel internacional y con poca variabilidad entre escuelas. Pero también enfatizaron que en Finlandia la educación es en un 98 por ciento pública y en el 2 por ciento restante, donde se aplica un sistema de school choice algo similar al financiamiento compartido chileno, la segregación social ha aumentado. Otra característica del sistema finlandés es que el puntaje de corte para entrar a estudiar pedagogía es altísimo y los mejores estudiantes no dudan en postular, porque los sueldos de profesor y las condiciones para ejercer son buenos.

Teniendo en cuenta estas características que apuntan a la estructura, al corazón mismo del sistema educacional, ¿nos parecemos a Finlandia por sacar horas a Historia y ponerlas en otras asignaturas? Sin lugar a dudas, la implementación de medidas de peso en educación tendría un costo político importante, pero claramente hacer el ridículo es gratis.

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