A propósito de Educación e Historia: los Liceos de Experimentación

14 Dic

Juan Alvarez Rubio. Columna de opinión publicada en G80 el 16 de diciembre de 2010

El anuncio del gobierno de una “revolución” educacional que incluye una disminución de las horas de  Historia/Ciencias Sociales es tan grave y preocupante como no considerar la historia de las reformas educacionales chilenas. En efecto, si se revisa el siglo pasado podemos encontrar varios hitos que muestran que las reformas educacionales han sido procesos lentos que deben ser estudiados cuidadosamente e implementados gradualmente.

La experiencia de los Liceos de Experimentación es uno de los procesos históricos educacionales que merece una revisión que puede servir de inspiración para enriquecer las propuestas reformistas actuales. Sus orígenes se encuentran en la reforma de 1928 que definió los fines de la educación secundaria. Impulsada por las organizaciones de profesores y liderada por Don Darío Salas, la reforma dio origen en 1932 al Liceo Experimental Manuel de Salas (LMS) en Ñuñoa. El LMS se definió como un “laboratorio pedagógico” de metodologías educativas centradas en los estudiantes. Su carácter co-educacional (mixto), una idea avanzada para su época, recibió muchas críticas de los sectores conservadores. El LMS fue dirigido desde 1933 por la educadora Irma Salas, hija de don Darío, hasta su adscripción al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile en 1942.

Posteriormente, en 1945, el “Plan de Renovación Gradual de la Educación Secundaria”, propuesto por una comisión de expertos encabezada por Irma Salas, fue un nuevo esfuerzo  destinado a modernizar, mejorar y ampliar la enseñanza secundaria. La “gradualidad” apuntó a asegurar una implementación  completa y efectiva de las innovaciones, después de una rigurosa y controlada experimentación. En 1946, surgieron entonces los liceos “renovados”. En Santiago, el Nº 6 de Niñas (creado en 1921 y cuya primera directora fue Gabriela Mistral) y los nuevos liceos de experimentación creados en sectores populares: Gabriela Mistral en el barrio Independencia (1946), Juan Antonio Ríos en Quinta Normal (1946) y Darío Salas en Santiago centro-poniente (1947). Adicionalmente, se agregaron los liceos de Antofagasta, Concepción y el co-educacional de Quilpué.

Los liceos de experimentación continuaron y actualizaron las innovaciones: plan común, plan variable y plan diferenciado; co-educación; orientación vocacional; autodisciplina; gobierno estudiantil (consejos de curso, centro de estudiantes, comités de trabajo); actividades correlacionadas y extra-programáticas (clubes, deportes, artes); centros de padres y apoderados; etc. Muchas de estas innovaciones fueron incorporadas al “Liceo Único” de la reforma de 1953. Posteriormente, la reforma educacional de 1965 definió la enseñanza básica de ocho años y la media de cuatro en las modalidades científico-humanista y técnico-profesional y decretó el fin gradual de 25 años de experimentación.

Los liceos de experimentación cumplieron un papel muy importante preparando a los estudiantes para la democracia y la ciudadanía, legando estos propósitos a la sociedad y a todo el sistema educacional. Por su parte, la larga dictadura que comenzó en 1973 nos legó un sistema educacional segmentado, con diferencias apreciables entre los distintos sectores socio-económicos. La anunciada “revolución educacional”, para convertirse realmente en la “madre de todas las batallas” debe ir más allá de medidas administrativas y altisonantes. Al respecto, la experiencia histórica recomienda comenzar por usar una terminología más modesta: “renovación” en lugar de “revolución”; liceos de “experimentación” en vez de “excelencia”; “autodisciplina” en lugar de disciplinamiento; “formación integral” y no sólo énfasis en dos asignaturas; centro en el aprendizaje y no en la enseñanza; perfeccionamiento y no despido de profesores; integración de los padres en lugar de semáforos que los ahuyenten; etc.

En síntesis, la sub-valoración de la Historia se refleja no sólo en la disminución de las horas de clases sino también en no considerar la historia de las reformas educacionales. La reforma administrativa propuesta, con carencias y silencios ensordecedores, debe reemplazarse por una real reforma educacional que sea consistente con un efectivo proyecto democratizador de la sociedad y que considere los aspectos relevantes y rescatables de las experiencias históricas.

Juan Álvarez Rubio
Académico Universidad de Chile
Ex-alumno Liceo de Experimentación Gabriela Mistral

13 de diciembre de 2010

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