La Historia afuera y el debate para la casa

16 Dic

Columna de Luis Jaqui Muñoz, Estudiante de Administración Pública Usach, publicada en El Ciudadano el 16 de diciembre de 2010.

Cuando oí que querían aumentar las horas de Lenguaje, pensé que era, -considerando la incapacidad lingüística de Piñera y para que de una buena vez podamos llamar las cosas por su nombre-, un buen avance. Lo mismo pensé cuando leí que habría más horas de Matemáticas: Me imaginé a la “clase política”, autoridades, parlamentarios y empresarios en el pizarrón. Porque, o no saben sumar o viven en Babia.

De otra forma no se entiende que sigan avalando un modelo económico generador de desigualdades, aprobando royalties de mentira o presupuestos de la nación que en nada contribuyen a transformar Chile. Mi sorpresa fue aun mayor cuando Lavín desglosó el “cómo” se incorporarían las 800 horas al currículo de los estudiantes. Aquí viene lo bueno: “Para conseguir esas 800 horas hay que disminuir las horas de Historia”. Sí, ha leído usted bien, disminuir las horas de estudio de la Historia en los colegios. No hay que ser adivino ni oír la voz de Jaime Guzmán ni recibir cátedras de Friedman o de Velasco en Harvard, para saber qué intención hay detrás de todo esto: Matar tempranamente el debate, la reflexión, el conocimiento y la cultura, y por sobre todo la memoria histórica de los chilenos.

El aprendizaje de la Historia nos permite conocer lo que no vivimos para hacerlo parte fundamental de nuestra identidad, aun cuando no estuvimos en la masacre de la Escuela Santa María de Iquique, ni en el Cabildo el día en que se le juró lealtad al Rey de España en 1810. He ahí la importancia de la Historia, porque “un pueblo sin historia, es un pueblo sin memoria”, y un pueblo sin memoria puede ser tratado por los dueños de este Club, llamado Chile, como se trata a los vasallos.

Esta iniciativa apunta a la consolidación de un sistema educacional aun más conservador que el que dejó la dictadura, y que perdura en este embrollo post-dictatorial en el que se benefician siempre los mismos. Busca profundizar la hegemonía del discurso que escribieron los “vencedores”, -ignorando la Historia de los “vencidos”-, para evacuar definitivamente la posibilidad del advenimiento de la democracia. Las críticas surgieron incluso en las filas de la Alianza, señalando que Lavín y el Gobierno “quieren formar empresarios más que ciudadanos”.

Lavín y este Gobierno desean continuar formando individuos pasivos, irreflexivos, mecánicos, sin voluntad, hombres y mujeres que acepten como normales todo tipo de injusticias y atropellos a sus derechos fundamentales. En síntesis, individuos que permitan mantener una institucionalidad post-dictadura para beneficio del 1% más rico de este país. Lavín y sus “expertos” de ambas derechas deben abrir un debate incorporando a quienes somos las víctimas de este sistema, a los “pingüinos” que probaron su organización y seriedad, a los universitarios que no reducimos todo a la gestión y el dinero, a los profesores y a la sociedad civil en general.

Si queremos mejorar la educación es imposible seguir parcelando las reformas. Es necesario repensar todo el sistema educacional chileno, desde la sala cuna hasta la educación superior, en un debate público y democrático donde no sean los mismos “expertos” de siempre los que decidan los destinos de millones de niños y jóvenes chilenos.

Nosotros, la juventud chilena, estamos dispuestos. Pero Lavín y el Consejo Asesor para el Fortalecimiento de la Educación Pública (sic) se quieren llevar el debate para la casa.

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