Lo que viene tras la discusión sobre horas de historia

3 Ene

Columna de Carlos Garrido publicada en El Quinto Poder el 30 de diciembre de 2010.

A partir de la disminución de las horas de historia, geografía y ciencias sociales, planteada por el actual ministro de Educación, han surgido una serie de aristas que apuntan a saber cuáles son los motivos reales que llevaron a tomar esta decisión. Han surgido las más diversas explicaciones. Los argumentos de la autoridad han sido particularmente débiles. Ya sea por motivos de figuración mediática o, peor aún, intentos por limitar la formación de nuestros niños, niñas y jóvenes, la medida de la actual autoridad ha sido rechazada de forma prácticamente transversal.

Si bien todas las explicaciones y posibles interpretaciones de la decisión pueden tener niveles de verosimilitud, creo necesario profundizar en algo que hasta ahora no hemos mencionado lo suficiente. El ministro asumió que este cambio era posible… ¿por qué? Una respuesta es que tal vez pensó que frente a él tenía, para variar, un gremio de profesores absolutamente desarticulado y falto de conciencia de la dimensión política que su quehacer tiene. Seguro pensó que lo primero que se enarbolaría sería la reivindicación gremial (menos horas = menos sueldo). Se equivocó. El gran triunfo del movimiento de defensa de la historia, la geografía y las ciencias sociales, a través de todas sus formas (llámese cartas, columnas de opinión, blogs, manifestaciones callejeras, presencia en medios de comunicación, conversaciones en el café, etc.) es que ha puesto en la discusión central temas relevantes para la formación de nuestros niños, niñas y jóvenes, lo que necesariamente se asocia con la premisa de que la educación es por principio una acción moral y política.

Es imposible dejar de lado la idea de que todo docente es un agente político. A gusto o disgusto, sus acciones repercuten en la forma en la cual los estudiantes entienden el mundo, escudriñan sus diversos pliegues y logran formarse una idea, relativamente acaba, de cómo él se inserta en esa realidad. En ese sentido, también se plantea como una necesidad que ese estudiante entienda que su realidad puede cambiar, que de hecho él puede transformarse en un agente real de cambio.

Sin embargo, hoy surge una duda a partir de todo lo planteado a lo largo de este mes y semanas que ha pasado desde el anuncio de la disminución de horas de historia. Considerando el éxito que ha logrado este movimiento, para instalar una discusión tan valiosa y relevante como la relacionada con la necesidad de enseñar y aprender historia, geografía y ciencias sociales, vale la pena preguntarse ¿y después qué?

Soy un convencido de que no hemos hecho lo suficiente para lograr un protagonismo real en nuestro quehacer pedagógico. ¿Será necesario un nuevo anuncio del tipo “menos horas de” para que nos demos cuenta de que es necesario reflexionar y comunicarnos?

Debemos sentarnos y pensar en qué hemos hecho, y qué no, para enfrentar nuestra actual situación. Permítaseme en este punto hacer algunas indicaciones que me parecen relevantes y que son fundamentales de instalar hoy más que nunca en una discusión que debería ser permanente y franca.

Los profesores (todos, no sólo los de historia, geografía y ciencias sociales) hemos terminado aceptando una posición de franco sometimiento ante los planteamientos de un sistema que no parece interesado en dialogar con quienes son sus ejecutores. Nos hemos reducido a ser meros técnicos destinados a implementar políticas que muchas veces no compartimos. Mencionar sólo la forma en la cual se “debatió” el proceso de ajuste curricular iniciado durante el gobierno anterior y que hoy intenta retomar el MINEDUC (cero injerencia).

Así mismo, preocupa la desvinculación entre la academia y los docentes formados por ella. La academia debe entender que la relación con sus egresados es fundamental. No sólo en respecto del perfeccionamiento, sino también de diseñar proyectos reales de acompañamiento que permitan no sólo terminar la formación de sus egresados de forma adecuada, sino también obtener información relevante del sistema mismo y de las necesidades que este impone a los docentes. Esta información que debe ser considerada como retroalimentación para los propios programas de formación de profesores.

Sumado a lo anterior, y determinante para que todo lo discutido hasta ahora no sea flor de un día, es lo referido a mantener y ampliar estos espacios de discusión, de forma tal que con el tiempo se puedan transformar en referentes reales y efectivos de nuestro quehacer pedagógico. En definitiva construir espacios capaces de interconectarse y conformar una red de opinión(es) frente al país en el cual vivimos y de cómo deseamos mejorarlo. Con la exposición de opiniones tanto de especialistas de la academia como también de profesores de aula. Generar una confluencia de visiones, opiniones y quehaceres. En sí, la conformación de un verdadero movimiento ciudadano-docente.

Los profesores no podemos seguir manteniéndonos fuera del debate como ocurrió hasta ahora, por ello estamos pagando costos que ya no son sólo nuestros, sino de la sociedad en su conjunto. Hoy está en nuestras manos construir estos espacios.

(*) Te recomendamos adherir a esta acción en defensa de la enseñanza de la historia.

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