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El poder de la transparencia

16 Ene

Es alentador ver como el Consejo para la Transparencia ha comenzado a prestar un efectivo servicio a la sociedad  y  que la legislación que se interesa en la materia se puede aplicar sin importar a quien alcance en su fiscalización. La renuncia del Ministro de Defensa es una prueba de que va resultando cada vez más difícil dar la espalda a la probidad y a la honestidad pública, con secretismos y datos reservados. Es una garantía importante para la población del país el saber que este nuevo tipo de institucionalidad cumple con sus funciones y objetivos sin contemplaciones con nadie, y por ello los ciudadanos y ciudadanas de Chile podemos estar contentos de contar con resguardos frente algunos peligros de los abusos del poder.

Esta misma normativa que vela por la transparencia nos ha permitido conocer importantes antecedentes sobre como el Consejo Nacional de Educación tomó la decisión de apoyar la solicitud del Ministerio de Educación de disminuir en un 25 % las horas de enseñanza de la historia, la geografía y las ciencias sociales, así como de tecnología. Es sorprendente revisar los informes de cinco evaluadores expertos que, con diversos argumentos, rechazan la medida promovida desde el ministerio de Lavín. En efecto los informes, que se han podido conocer en virtud del imperio de la ley de transparencia, dejan en evidencia la falta de fundamentos sólidos y serios de una medida tan trascendente que puede lesionar severamente la formación en las disciplinas que se ocupan de la historia y la memoria, el patrimonio y la identidad, la sustentabilidad  y la valoración de nuestro medio y sus recursos, la formación ciudadana y la participación democrática, la capacidad de comprender nuestra sociedad y cultura y las que conviven con ella.

Hasta hoy no existe una explicación medianamente atendible del por qué de esta medida curricular. Parece ser sólo un capricho del Ministro y su entorno, en alguna medida obsesionados con los indicadores de pruebas estandarizadas y rankings internacionales pues la única y precaria explicación ofrecida se refiere a la necesidad de contar con más horas para lenguaje y matemáticas aún a costa de otros sectores de aprendizaje. Quienes trabajaron seriamente elaborando informes fundados en argumentaciones explícitas y respaldadas en fuentes validamente establecidas se deben haber visto sorprendidos cuando, con un criterio que se relaciona con el poder y no con la autoridad, el ministro anunció el 17 de noviembre pasado la reducción de horas, señalando que se iniciaba una revolución en la educación nacional.

Afortunadamente existen los criterios de trasparencia que nos dan algunas garantías frente a los abusos y ofrecen la posibilidad a la sociedad, a  sus instituciones y a la ciudadanía entera de reaccionar frente a situaciones de peligro para  la igualdad  y el estado de derecho. Desde el mismo día del anuncio ministerial recién citado diversos grupos ciudadanos nos hemos manifestando no sólo en el rechazo de una medida que parece arbitraria sino también en la demanda de una explicación fundada de los motivos que impulsan al ministro a tomar una resolución que causará un grave daño a la formación de niños y jóvenes por mucho tiempo. Lo que hemos solicitado infructuosamente es un debate de ideas que de respuesta a la razón que está detrás de la disminución de horas y del giro de sentido del curriculum. Ha sido una espera vana pues el ministro no ha considerado seriamente esta demanda. Hace quince días se reunió con representantes de diversas corrientes y sensibilidades que rechazan la medida y pareció abierto al dialogo, aunque aún sin dar argumentos que sostengan la controvertida reducción de horas.

Hace pocas horas sin embargo el ministro habló de la restitución de las horas del sector de historia, geografía y ciencias sociales en el marco de las negociaciones para conseguir el respaldo político de la reforma educacional. El ministro, que ha usado y abusado de la idea de que las discusiones políticas son algo deplorable o sucio, ha convertido a la enseñanza de la historia del país y la formación ciudadana en una moneda de cambio con la oposición.

Esto pone de manifiesto la falta de sustento pedagógico de la medida pues en un momento parece sostenerla a ultranza y en otro le parece canjeable por votos parlamentarios. En una materia tan seria como es la educación y en un sector tan complejo de estudiar como el que se ocupa de las sociedades en el tiempo y el espacio, se requiere de un comportamiento serio y responsable y no piruetas oportunistas que además se ocultan denostando la actividad política.

Es aquí donde se hace evidente el poder de la transparencia. En efecto los documentos que el CNED ha debido hacer públicos en cumplimiento de la ley no sólo ponen en evidencia el desprecio por la opinión de los expertos consultados sino también plantean dudas acerca de la libertad con que ha actuado el Consejo. ¿Por qué razón este organismo no atendió las razones de los informes recibidos? ¿Por qué condiciona el apoyo a la propuesta ministerial al cumplimiento de una serie de observaciones? ¿En que medida el Ministro Lavín ha atendido  los puntos planteados por el CNED?

Resulta evidente que no existen fundamentos sólidos para persistir en una medida que a todas luces parece imprudente, desprolija y arrogante. Resulta evidente que el Consejo Nacional de Educación debe explicar por qué desatendió las recomendaciones de los cinco evaluadores, contratados por ese mismo organismo, para apoyar una medida que no se funda en buenos argumentos ni en evidencias confrontables. ¿Debemos suponer que el CNED no ha podido actuar con libertad e independencia? Si así fuese estaríamos frente a un gravísimo caso de abuso de poder y ante la crisis de una institución que tiene una muy alta responsabilidad con la sociedad chilena y con el futuro del país.

La falta de seriedad de la propuesta de la Unidad de Curriculum y Evaluación del Ministerio, en el sentido de reducir  horas de un sector en beneficio de otros, es tal que un día se pueden tener tres horas y al día siguiente cuatro según lo que digan los parlamentarios opositores. Frente a este comportamiento de quien tiene el poder pero no la autoridad contamos con una ciudadanía cada vez más conciente de sus responsabilidades sociales y con mecanismos que velan por el comportamiento trasparente que de garantías frente a la corrupción, los abusos o los simples caprichos.

La situación generada por el Consejo para Transparencia y el ex ministro de defensa es una señal alentadora de que pude imperar la responsabilidad y la claridad  de sentido en el actuar público. Lavín hace unos días prometió la restitución de las horas cercenadas y ahora, de modo oscuro y oportunista, condiciona esta promesa. Confiemos en el poder de las trasparencia y de su imperio en el CNED, en el Ministerio de Educación y en el país.

Claudio Rolle

Profesor Instituto de Historia

Pontificia Universidad Católica de Chile

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CIPER Chile publica artículo sobre informes del CNED

11 Ene

La semana pasada publicamos en nuestro blog los informes de especialistas que pidió el CNED ante la intención del MINEDUC de reducir las horas de historia, geografía, ciencias sociales y educación tecnológica. CIPER publicó ayer un artículo donde destacan lo que venimos demandando desde el inicio del movimiento: “pese a que la totalidad de los expertos consultados objetaron la propuesta del Mineduc, los integrantes del CNED terminaron aprobándola de manera unánime, aunque con ciertas observaciones”. Esperamos que otros medios de comunicación informen sobre estp, pues resulta inaceptable que las autoridades insistan en poner en práctica políticas educacionales teniendo informes que unánimemente las rechazan.

Reproducimos aqui el artículo escrito por CristóbalPeña  publicado en CIPER el 10 de enero de 2011.

Recorte de horas de historia se hizo pese a las críticas de los evaluadores consultados

Tras los polémicos recortes a las horas de historia y tecnología a favor de matemáticas y lenguaje, un movimiento de académicos y estudiantes universitarios solicitó acceso a los informes de expertos que tuvieron en cuenta los miembros del Consejo Nacional de Educación (CNED) para aprobar las modificaciones. Los resultados son curiosos: pese a que todos los expertos objetaron la propuesta del Ministerio de Educación, los miembros del CNED las aprobaron por unanimidad, aunque planteando ciertas observaciones. Los integrantes del citado movimiento han sostenido reuniones con autoridades del ministerio, a quienes les han escuchado decir que la cuestionada medida está en evaluación y podría ser retirada.

A fines de diciembre, mediante una petición de acceso de información pública, un grupo de profesores y docentes vinculados al Movimiento por la Historia, la Geografía y las Ciencias Sociales tuvo acceso a los informes de expertos solicitados por el Consejo Nacional de Educación (CNED) para dirimir acerca de la propuesta del Ministerio de Educación (Mineduc) que determinó reducir las horas de clases de esas materias en favor de matemáticas y lenguaje. El resultado de la solicitud permitió constatar un hecho curioso y controvertido: pese a que la totalidad de los expertos consultados objetaron la propuesta del Mineduc, los integrantes del CNED terminaron aprobándola de manera unánime, aunque con ciertas observaciones.

Los informes obtenidos a través de la Ley de Transparencia fueron publicados la semana pasada en el blog del citado movimiento y dan cuenta de una serie de inconsistencias en los cambios a los planes de estudio ideados por el Mineduc para los cursos de quinto básico a segundo medio.

Cinco son los informes evaluadores despachados por expertos y que fueron consultados por los miembros del CNED. Los informes, identificados por números, coinciden en que la propuesta del Mineduc carece de un fundamento que la justifique y ponen en duda su efectividad y coherencia.

Como señala el evaluador 4, “la fundamentación del nuevo plan de estudio propuesto para los niveles de 5° básico a 2° medio es incompleta y ligera. Sólo se justifican los cambios de los subsectores de lenguaje, matemáticas e inglés (…) No hay explicaciones que den cuenta del por qué de su disminución y, por ello, las medidas aparecen arbitrarias y, por lo tanto, resultan difícil de evaluar”.

En la misma línea, el evaluador 3 repara en que “en nuestro país los(as) alumnos(as) tienen una carga horaria total superior a los países del OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), lo que nos demuestra una inefectividad importante en el uso del tiempo escolar”.

Sobre el fondo de los cambios a los planes de estudio, uno de los informes señala inconsistencia en la decisión de reducir horas en el sector de las ciencias sociales. Esto considerando que el propio Ministerio de Educación ha determinado que las habilidades menos trabajadas por el sector corresponden a aquellas vinculadas al desarrollo del pensamiento crítico. “Estas actividades requieren de más tiempo, no menos, para desarrollarse plenamente y su buen desarrollo implica un esfuerzo contextualizado”, indica el evaluador 4.

Un argumento complementario entrega el evaluador identificado con el número 2, quien advierte que “el sector se basa en una compleja articulación entre adquisición de contenidos y desarrollo de habilidades y actitudes, que requiere de mucho tiempo pedagógico, tal como se desprende del análisis sintético que hemos presentado del marco curricular”. Frente lo anterior, “las exigencias del marco curricular del sector difícilmente pueden ser logradas disponiendo de sólo tres horas semanales para su enseñanza”.

Dos de los evaluadores también cuestionan la factibilidad de la propuesta. En el caso del evaluador 1, previniendo que la implementación de los cambios sólo sería posible en establecimientos con jornada escolar completa. De lo contrario, generaría “una brecha entre quienes tienen la oportunidad de estudiar en este tipo de colegios y quienes no”. El evaluador 5, en tanto, señala que las medidas del Mineduc “generarán un impacto en el mapa laboral en el cual se desenvuelven los docentes de nuestro país”.

Los cambios a los planes de estudio habían sido presentados en una primera instancia al CNED en julio y rechazados en septiembre. Pero sólo tres días después del rechazo, el Mineduc ingresó una nueva propuesta que resultó aprobada con una serie de observaciones recogidas de los informes de los expertos. La respuesta a estas observaciones aún no han sido dadas a conocer por el ministerio respectivo.

La iniciativa generó una fuerte resistencia de la comunidad académica y derivó en la creación del Movimiento por la Historia, la Geografía y las Ciencias Sociales, que agrupa a profesores y estudiantes universitarios. Mediante diversas acciones, como la solicitud de información pública sobre los informes de los expertos consultados por el CNED, este movimiento ha conseguido mantener la atención en el tema y ser escuchado por las autoridades del Mineduc. A fines de diciembre sus representantes se reunieron con el ministro Joaquín Lavín, quien se habría comprometido a revisar la medida. A fines de la semana pasada, en una nueva audiencia, la representante de la Unidad de Currículo y Evaluación, Loreto Fontaine, habría refrendado las intenciones del ministro.

Patricio Bernedo, director del Instituto de Historia de la Universidad Católica y uno de los representantes del movimiento que estuvo presente en ambas reuniones, dice que “si bien uno se puede equivocar, al menos yo estoy razonablemente optimista, pues se nos dijo que había disponibilidad para revisar la medida”.

Esa disponibilidad del ministro también puede servir como carta de negociación para conseguir la aprobación de los cambios a la educación impulsados por el gobierno y que actualmente son discutidos en el Congreso, pues ha sido una de las exigencias hechas por los parlamentarios opositores.

A cumplir lo acordado

4 Ene

Finalmente, el ministro recibió al Movimiento por la Historia, la Geografía y las Ciencias Sociales el día jueves 30 de diciembre a las 17:00. Asistieron también representantes de los Jefes de Carrera de las escuelas de geografía de Chile y profesores del Liceo nº1 de Viña del Mar entre otros.

El ministro, junto a la Jefa de la Unidad de Curriculum y Evaluación (UCE) Bárbara Eyzaguirre al fin escucharon nuestros argumentos y propuestas. Antes de dar la palabra, el ministro pidió que se considerara el tema de la formación ciudadana ante la futura reforma que hará el voto voluntario.

Que se le planteó al ministro:

– Que esta cuestión no es una cosa de horas más y horas menos. Es un problema que tiene que ver con el sentido de la educación histórica, geográfica y social (EHGS) que tiene el Ministerio y con la forma autoritaria y poco transparente de intervenir el curriculum. No estamos de acuerdo con el sentido instruccional de la EHGS que hay en las nuevas programaciones de quinto básico a primero medio. Chile necesita una educación de calidad de acuerdo a su realidad histórica y social, contextualizada y dialogante con las expectativas y proyecciones de sociedad. La ciudadanía se mide en la calle, no en el SIMCE.

– Que nuestro rechazo a la medida no es en contra de la enseñanza de Lenguaje y las Matemáticas si no que muy por el contario: queremos que se fomente la interdisciplinariedad y transversalidad de los contenidos de la EHGS con lenguaje, matemáticas, ciencias, ética y artes. El aprendizaje y mejoramiento del lenguaje y matemáticas no excluye el desarrollo del pensamiento histórico geográfico y social. Hay evidencia  nacional e internacional para ello. La EHGS puede desarrollar el lenguaje y las matemáticas por lo que no hay necesidad de reducir horas. Su reducción puede tener insospechadas consecuencias en la formación ciudadanía de nuestros jóvenes.

– Que las nuevas programaciones (con la reducción incluida) presentan dudas e interrogantes sobre los fundamentos  y argumentos educativos de la medida. Fundamentos que deben ser claros ante el CNED y ante los actores sociales involucrados. Hasta el momento desconocemos esos argumentos por lo invitamos a la Unidad de Curriculum que los haga explícitos y que convoque a los actores sociales a discutirlo.

– Que estamos de acuerdo con el mejoramiento de la calidad de la educación pero transparentando el SIMCE. Nos preocupa que el instrumento para evaluar la política educativa, el SIMCE, tenga cuestiones poco claras como, por ejemplo que los instrumentos tengan serios problemas metodológicos. Asimismo, nos preocupa que no cubra todos los aspectos del marco curricular y que no haya una política transparente de entrega de datos desagregados y que, al mismo tiempo exista una nula disposición de la UCE para abrir esos datos a los investigadores. Si el SIMCE mide la política educativa, queremos que lo haga bien con el fin de no estigmatizar de manera tan liviana las escuelas públicas con semáforos rojos que no dan cuenta de los progresos que algunas si demuestran. En esa línea se le pidió al Ministro una señal pública de que la medida se está conversando con el objeto de evitar nuevos despidos a profesores.

El ministro se comprometió a conversar la medida y constituir una mesa de trabajo para discutir sobre la EHGS y para “hacer las cosas bien”. La idea es hacerlo antes de que acabe enero. La Jefa de la Unidad de Curriculum Bárbara Eyzaguirre se comprometió a contactarnos durante la primera semana de enero.

Se ha dado gran paso para revertir esta desacertada medida pero necesita materializarse con rapidez. El Ministro de Educación y la jefa de la UCE deben cumplir con lo acordado en la reunión  del 30 de noviembre y convocar la mesa de trabajo esta semana.

Rodrigo Henríquez Vásquez

Facultad de Educación, Universidad Católica de Chile

Movimiento por la Historia, la Geografía y las Ciencias Sociales

Ministro Lavín: lo prometido es deuda

3 Ene

Columna de Fernandi Purcell publicada en El Quinto Poder el 4 de enero de 2011.

El día jueves 30 de diciembre logramos lo que buscamos por  tantas semanas: ser escuchados por el Ministro de Educación Joaquín Lavín. Este convocó a una reunión a diversos actores quienes en las últimas semanas habíamos manifestado pública y privadamente nuestra desazón por la propuesta de disminución de las horas de Historia, Geografía y Ciencias Sociales en el currículum escolar. Entre los asistentes hubo representantes de liceos y diversas instituciones nacionales, además de un grupo que participó a nombre del Movimiento por la Historia, la Geografía y las Ciencias Sociales.

Durante la conversación se expusieron distintas ideas, todas contrarias a la disminución propuesta por el Mineduc. Especial hincapié se hizo en el aporte que la enseñanza de nuestras disciplinas  hace para el fortalecimiento de la habilidad lectora y en la necesidad de velar por un currículum integrado. A esto se agregaron otros puntos como la conveniencia  de evitar que se establezca una analogía entre resultados de SIMCE y calidad de la educación, y nuestra preocupación por los despidos de profesores del área cuando todavía ni siquiera se ha aprobado el marco curricular definitivo.

Lo destacable es que se dio un paso importante en la causa que desde mediados de noviembre nos ha convocado. El Ministro Lavín se comprometió a revisar la propuesta ministerial de disminución de horas de Historia, Geografía y Ciencias Sociales, dando claras señales de que se restablecerán las 4 horas semanales originales, aunque sea con algunos cambios de contenido. A su vez, solicitó a la Unidad de Currículum del Mineduc (representada en la reunión por Bárbara Eyzaguirre), que se nos invitase a una reunión de trabajo donde nuestros puntos pudieran ser debatidos. Si bien sigue existiendo una incomprensible premura del Mineduc por zanjar el tema de la reforma curricular dentro del mes de enero (debido a que la propuesta final debe ser aprobada por el Consejo Nacional de Educación y se busca implementar cambios a contar de marzo de este año), comprometimos nuestra participación  y la entrega de documentos técnicos que avalen nuestras posturas.

Estamos a la espera de que el Ministro Lavín cumpla su palabra y de que la Unidad de Currículum del Mineduc nos convoque para poder contribuir a un currículum en el que prime la educación por sobre la instrucción y en el que se valorice el debido respeto por la Historia, por la Geografía y las Ciencias Sociales, de modo de poder asegurar una formación íntegra de nuestros  niños y jóvenes.

Fernando Purcell

Subdirector Instituto de Historia UC

Movimiento por la Historia, la Geografía y las Ciencias Sociales

Lo que viene tras la discusión sobre horas de historia

3 Ene

Columna de Carlos Garrido publicada en El Quinto Poder el 30 de diciembre de 2010.

A partir de la disminución de las horas de historia, geografía y ciencias sociales, planteada por el actual ministro de Educación, han surgido una serie de aristas que apuntan a saber cuáles son los motivos reales que llevaron a tomar esta decisión. Han surgido las más diversas explicaciones. Los argumentos de la autoridad han sido particularmente débiles. Ya sea por motivos de figuración mediática o, peor aún, intentos por limitar la formación de nuestros niños, niñas y jóvenes, la medida de la actual autoridad ha sido rechazada de forma prácticamente transversal.

Si bien todas las explicaciones y posibles interpretaciones de la decisión pueden tener niveles de verosimilitud, creo necesario profundizar en algo que hasta ahora no hemos mencionado lo suficiente. El ministro asumió que este cambio era posible… ¿por qué? Una respuesta es que tal vez pensó que frente a él tenía, para variar, un gremio de profesores absolutamente desarticulado y falto de conciencia de la dimensión política que su quehacer tiene. Seguro pensó que lo primero que se enarbolaría sería la reivindicación gremial (menos horas = menos sueldo). Se equivocó. El gran triunfo del movimiento de defensa de la historia, la geografía y las ciencias sociales, a través de todas sus formas (llámese cartas, columnas de opinión, blogs, manifestaciones callejeras, presencia en medios de comunicación, conversaciones en el café, etc.) es que ha puesto en la discusión central temas relevantes para la formación de nuestros niños, niñas y jóvenes, lo que necesariamente se asocia con la premisa de que la educación es por principio una acción moral y política.

Es imposible dejar de lado la idea de que todo docente es un agente político. A gusto o disgusto, sus acciones repercuten en la forma en la cual los estudiantes entienden el mundo, escudriñan sus diversos pliegues y logran formarse una idea, relativamente acaba, de cómo él se inserta en esa realidad. En ese sentido, también se plantea como una necesidad que ese estudiante entienda que su realidad puede cambiar, que de hecho él puede transformarse en un agente real de cambio.

Sin embargo, hoy surge una duda a partir de todo lo planteado a lo largo de este mes y semanas que ha pasado desde el anuncio de la disminución de horas de historia. Considerando el éxito que ha logrado este movimiento, para instalar una discusión tan valiosa y relevante como la relacionada con la necesidad de enseñar y aprender historia, geografía y ciencias sociales, vale la pena preguntarse ¿y después qué?

Soy un convencido de que no hemos hecho lo suficiente para lograr un protagonismo real en nuestro quehacer pedagógico. ¿Será necesario un nuevo anuncio del tipo “menos horas de” para que nos demos cuenta de que es necesario reflexionar y comunicarnos?

Debemos sentarnos y pensar en qué hemos hecho, y qué no, para enfrentar nuestra actual situación. Permítaseme en este punto hacer algunas indicaciones que me parecen relevantes y que son fundamentales de instalar hoy más que nunca en una discusión que debería ser permanente y franca.

Los profesores (todos, no sólo los de historia, geografía y ciencias sociales) hemos terminado aceptando una posición de franco sometimiento ante los planteamientos de un sistema que no parece interesado en dialogar con quienes son sus ejecutores. Nos hemos reducido a ser meros técnicos destinados a implementar políticas que muchas veces no compartimos. Mencionar sólo la forma en la cual se “debatió” el proceso de ajuste curricular iniciado durante el gobierno anterior y que hoy intenta retomar el MINEDUC (cero injerencia).

Así mismo, preocupa la desvinculación entre la academia y los docentes formados por ella. La academia debe entender que la relación con sus egresados es fundamental. No sólo en respecto del perfeccionamiento, sino también de diseñar proyectos reales de acompañamiento que permitan no sólo terminar la formación de sus egresados de forma adecuada, sino también obtener información relevante del sistema mismo y de las necesidades que este impone a los docentes. Esta información que debe ser considerada como retroalimentación para los propios programas de formación de profesores.

Sumado a lo anterior, y determinante para que todo lo discutido hasta ahora no sea flor de un día, es lo referido a mantener y ampliar estos espacios de discusión, de forma tal que con el tiempo se puedan transformar en referentes reales y efectivos de nuestro quehacer pedagógico. En definitiva construir espacios capaces de interconectarse y conformar una red de opinión(es) frente al país en el cual vivimos y de cómo deseamos mejorarlo. Con la exposición de opiniones tanto de especialistas de la academia como también de profesores de aula. Generar una confluencia de visiones, opiniones y quehaceres. En sí, la conformación de un verdadero movimiento ciudadano-docente.

Los profesores no podemos seguir manteniéndonos fuera del debate como ocurrió hasta ahora, por ello estamos pagando costos que ya no son sólo nuestros, sino de la sociedad en su conjunto. Hoy está en nuestras manos construir estos espacios.

(*) Te recomendamos adherir a esta acción en defensa de la enseñanza de la historia.

Señor Lavín: ¡Queremos ser escuchados!

24 Dic

Columna de Fernando Purcell publicada en El Quinto Poder, el 24 de diciembre de 2010.

Ya llevamos más de un mes involucrados en un movimiento ciudadano absolutamente comprometido con la calidad de la educación y la búsqueda de una sociedad inclusiva y democrática. El Movimiento por la Historia, la Geografía y las Ciencias Sociales se ha constituido en un movimiento abierto y respetuoso de las múltiples miradas sobre el problema de la reducción de horas del área en el currículo escolar y la educación en general. Ha cobijado a miles de ciudadanos, profesores y profesoras del sistema universitario y escolar, además de estudiantes, artistas, periodistas y gente del mundo de la cultura.

Como movimiento hemos intentado hacer públicas todas las cartas, declaraciones, entrevistas y columnas de opinión de personas comprometidas con nuestra causa en el blog www.historiayreforma.wordpress.com. Hemos marchado en distintas ciudades del país, hemos organizado actos, conferencias de prensa y clases en espacios públicos. Logramos conseguir espacios para difundir nuestras ideas en media docena de radios, varios periódicos, revistas y al menos un canal de televisión. A esto se agrega la impresionante Campaña Historia por Youtube, que ha logrado una difusión impresionante con más de cien mil visitas a los videos grabados, y lo logrado a través de redes sociales como Twitter y Facebook. Como si fuera poco, fuimos recibidos por la Comisión de Educación del Cámara en el marco de las discusiones sobre la reforma educacional y hemos mandado documentos técnicos al Consejo Nacional de Educación expresando nuestra postura respecto de la nefasta propuesta del Mineduc en términos curriculares. En pocas palabras, hemos hecho todo lo que un grupo de ciudadanos debe hacer para contribuir a una sociedad mejor: exponer ideas y argumentos fundamentados de forma pacífica y con ánimo de diálogo.

Sin embargo, todavía no somos recibidos por el Ministro Lavín, a quien -como movimiento y a través de una carta firmada por 420 ciudadanos- solicitamos una reunión tras la marcha del 25 de noviembre y a quien hemos interpelado constantemente señalando nuestra disposición a conversar. Esto  nos preocupa porque da cuenta de un voluntarismo político sin capacidad de diálogo. La actitud del Mineduc y del Ministro Lavín, hasta ahora, es un ejemplo de lo que nosotros NO QUEREMOS para el futuro de nuestro país. Es una clara muestra de la falta de trasparencia y de una cultura verdaderamente democrática de quienes están a cargo de la educación de nuestro país.

Si nos hemos movilizado respetuosa y comprometidamente como ciudadanos es precisamente porque creemos que las horas de Historia, Geografía y Ciencias Sociales son cruciales para fortalecer no sólo la identidad histórica del país y la valoración de nuestro territorio y medioambiente, sino la cultura democrática, dialogante y pacífica que nuestro país necesita con urgencia. Ahora que el Ministro de Educación dice estar dispuesto a “conversar” sobre el tema, le pedimos que no sólo escuche a los mismos de siempre sino también a nuestro movimiento.

(*) Fernando Purcell es subdirector del Instituto de Historia de la Universidad Católica.

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Te invitamos a adherir a la acción “Defendamos la enseñanza de la historia”

Historia y reforma educativa: la sordera del ministro Lavín

24 Dic

Columna de Fabián González* publicada el 20 de diciembre de 2010 en El Quinto Poder

La decepción que pueda experimentar un ciudadano cualquiera al no ser escuchado por las autoridades políticas, por estos días, no debiera sorprender a nadie. Menos en un mundo social que escucha poco, que habla bajito, que frunce el ceño de vez en cuando, que arruga la nariz por casi todo, pero que no actúa. Pero no nos quejemos demasiado. Finalmente este Frankestein social que es el Chile Bicentenario fue creado en nuestras narices y –hasta donde nos hemos enterado– ninguna horda, columna o batallón de insatisfechos ha venido furioso a incendiar el laboratorio.

Con todo, algunas agrupaciones sociales y ciudadanía (semi) organizada continúan dando campanadas de alerta en medio de un oleaje comunicacional y burocrático que parece tragarse, irremediablemente, los desesperados gritos de un sector social que se opone a la irracionalidad de ciertas decisiones ministeriales en el ámbito de la educación pública. Sin duda lo más transversal ha sido la resistencia que provoca la reducción de horas en historia, geografía y ciencias sociales. No sólo los especialistas se han pronunciado frente a esta medida. Al rechazo generalizado que esto genera en el profesorado, historiadores, geógrafos, cientistas sociales, etc., se ha sumado la voz de intelectuales de diversos ámbitos, autoridades universitarias, alcaldes, artistas, parlamentarios, comunicadores y un sinfín de ciudadanos anónimos que, fundamentalmente, no entienden la razones de una medida a todas luces absurda.
Decenas de cartas, manifiestos, marchas, declaraciones públicas, han intentado enrostrarle al ministro de Educación lo inapropiado que resulta para el futuro de la educación chilena una decisión tan desafortunada. La respuesta ha sido nula. Se le ha interpelado desde los medios de comunicación, desde el mundo académico, desde las asambleas de estudiantes y trabajadores de la educación, desde el colegio de profesores, desde el mundo político (de gobierno y de oposición). El ministro, imperturbable, ha contestado con silencio. Ni réplicas, ni contraargumentos, ni estudios; no hay autores que respalden su posición, no hay evidencia que acompañe su decisión, sólo se percibe un ciego empecinamiento en elevar los estándares de lenguaje y matemática a cualquier precio. La sordera del ministro sin duda es grave pues, al parecer, también le impide contestar, de modo inteligible, a esta simple pregunta: ¿Cuáles son las razones para reducir las horas de historia, geografía y ciencias sociales, si lo que se quiere es mejorar los aprendizajes de nuestros estudiantes?
Nos imaginamos que esta es la misma pregunta que debe rondar en un grupo de parlamentarios (fundamentalmente de gobierno) que en julio pasado se reunieron y acordaron solicitar al Presidente de la República y  al ministro Lavín “se adopten las medidas correspondientes, con el propósito de modificar el curriculum escolar, aumentando el número de horas destinadas a Educación Cívica y formación ciudadana ampliando sus contenidos” (Cámara de diputados, Proyecto de acuerdo N° 116 del 15 de julio 2010). El acuerdo, de autoría de los diputados y diputadas Zalaquett, Cristi, Hasbún, García, Auth, Hoffmann, Uriarte, Sabag, Vidal y Rincón contó, además, con las firmas de adhesión de otros veinte integrantes de la cámara baja que representan tanto al gobierno como a la oposición. Para la solicitud parlamentaria de hace cinco meses tampoco hubo oídos disponibles. ¿En qué se apoya, entonces, la medida del Ministro Lavín? Tal vez en el juicio de algunos especialistas internacionales. Revisemos, sucintamente, lo que dicen dos de estos especialistas.
Ivor F. Goodson (Universidad de Brighton, Reino Unido), por ejemplo, ha estudiado las principales reformas educativas que se han implementado recientemente en el mundo global. A su juicio, todas ellas se inician a partir del siguiente supuesto: el diagnóstico indica que gran parte de los asuntos escolares no andan bien (verdadero), y que la reforma y el cambio sólo  pueden ayudar a la mejora de la situación (falso). Según este investigador existe la errada creencia de que el mero establecimiento de metas, apoyado de una batería de pruebas y estrategias  estadísticas, respaldada por una serie de incentivos  financieros y pagos de acuerdo a resultados, inevitablemente elevarían los resultados de las escuelas. El fracaso de estas iniciativas de reforma puede ser explicado –al decir de Goodson – por no tener en cuenta la dimensión personal del cambio educativo, es decir, por no hacer partícipe al profesorado de las transformaciones que se impulsan. Sus estudios concluyen que los cambios hechos al margen de los sentimientos, inquietudes e identidades del profesorado están condenados al fracaso. Pese a ser anglosajón, pese a poseer un conocimiento relevante sobre procesos de cambio y reforma en el “primer mundo”, Goodson tampoco fue escuchado por el ministro.
Las observaciones del sociólogo inglés Andy Hargreaves son de un tenor más o menos similar. En 2007 señalaba que “la estandarización, restringe la profesionalidad de los docentes y socava la autonomía… alimenta la exclusión, porque no es posible que todos los alumnos alcancen los estándares”. Este destacado investigador, reconocido internacionalmente, vinculado a la Universidad de Toronto y al Boston College (Massachusetts, Estados Unidos) sostiene que el camino de la estandarización “significa uniformidad en el curriculum, un curriculum enfocado no en crear conocimiento, sino centrado en contenidos que puedan ser reproducidos y que en la práctica se concreta en la administración de muchas y toscas pruebas de evaluación sobre matemática y lengua básicas.” Aun más, Hargreaves conoce también la situación de aquellos sistemas educativos que ya optaron por la estandarización y sufren los efectos de esa política y nos advierte que lo más preocupante es que en estos países “los maestros comienzan a dejar la enseñanza o directamente no quieren entrar a la profesión”. La experiencia de más de veinte años de investigación realizada en Europa, Norteamérica y otras regiones avanzadas del mundo, esta vez, tampoco fue escuchada en Chile. El ministro no estuvo disponible.
La pregunta que nos seguimos haciendo sigue sin respuesta, si lo que se quiere es mejorar los aprendizajes ¿por qué reducir las horas de historia, geografía y ciencias sociales? Llevamos semanas sin respuesta. Por lo que hemos visto, las justificaciones están lejos de lo que opina la ciudadanía; la evidencia internacional tampoco fue recogida acertadamente; incluso, hasta las peticiones del parlamento van por un camino completamente contrario al propuesto por el Ministro. Así, bajo el cálculo frío de estas políticas, la historia escolar podría volver peligrosamente a lo que fue durante décadas: heroicidad, anecdotario y memorismo, hipotecando la investigación social, la problematización y la ciudadanía crítica en beneficio del rendimiento y la eficacia competitiva. La curva formativa del ciudadano en historia y ciencias sociales que comenzaba apenas a levantarse hace unas décadas caería hasta ser una caricatura de lo que conocemos como educación, centrándose, en lo venidero, sólo en un par de conocimientos básicos e instrumentales. La responsabilidad social que hermana a las ciencias sociales nos impele el deber de seguir insistiendo en una respuesta a la pregunta que hemos hecho incansablemente en estos días: ¿por qué reducir las horas de historia, geografía y ciencias sociales? Hasta ahora no hemos sido escuchados.
* Docente Escuela de Educación, Universidad Academia de Humanismo Cristiano
** Si compartes lo indicado en la entrada de Fabián González, adhiere a esta acción.